22.8.08

La Casa Siempre Gana

Hace unos días hubo una pequeña polémica por haber vinculado los juegos de azar con los impuestos. El argumento era simple, para que la máquina distributiva del casino pudiese funcionar, usted hábil jugador debía necesariamente perder y de esa pérdida una parte importante se la llevaba el aparato público. La ecuación es sencilla: el dinero que usted invierte en el casino se destina por un lado a premios y por otro a los costos de mantención de la máquina distributiva. Un simple ejercicio matemático que nos da como resultado que el dinero que se invierte tiene que, NECESARIAMENTE, ser inferior al dinero que se devuelve en premios. Así visto, si usted juega muchas veces, en todas va a gastar por jugar, en algunas ganará y en promedio, NECESARIAMENTE, perderá. Así, tal cual. Esta pérdida es el impuesto a la idiotez matemática.

Os propongo dos ejemplos para ilustrar lo anterior dos juegos muy simples: la ruleta y el Loto.

Afírmense que esto es un tsunami de aburrimiento y un terremoto a la ilusión.

La ruleta consiste en una rueda que gira que tiene 38 espacios de igual dimensión para que caiga una bolita. En el escenario ideal, la probabilidad que una bolita caiga es totalmente aleatoria e idéntica para todas las ranuras. Las ranuras se distinguen por el número que la identifica (1 al 36, 0 y 00) y por el color (rojo o negro). Los jugadores apuestan por el color de la ranura en que caerá la bolita (rojo o negro), el número en que la caerá la bolita, o algunas propiedades del número: par o impar, pertenencia a un conjunto especial, etc. Lo que paga cada apuesta es inversamente proporcional a la probabilidad de éxito – menos el recorte de la casa y papá Estado, claro.

En el caso de achuntarle al color, el pago de la apuesta es lo que apostó. El truco es que la probabilidad de achuntarle al color NO es 50% - aquí entra la idiotez matemática – porque el 0 y el 00 no tienen color ni tampoco califican como par o impar. La probabilidad de achuntarle al color es, por lo tanto 18/38=0.473. De esta manera, por cada mil pesos que usted juega en la ruleta pierde, en promedio, 52.7 pesos. Si usted le achunta a un número en particular gana 36 veces lo que apostó. Pero la probabilidad de achuntarle es 1/38, por lo que por cada mil pesos que usted apuesta a un número en especial la casa se queda, en promedio, con - ¡adivina usted muy bien! – 52.7 pesos. Y así, la casa recibe miles y miles de pesos, paga menos miles de pesos en premios y se queda con miles y miles de 52.7 pesos que los reparte felizmente entre los dueños del casino y el glotón de papá Estado.

El Loto, por otro lado, es un juego de aza propiedad de La Polla Chilena de Beneficencia, un hambriento pollo femenino que no tiene que pelear para satisfacer su gula (prefiero la imagen de un pollo femenino que otras imágenes de la península hispánica). Es una institución que recibe dineros de millones de ingenuos (como eufemismo de completos idiotas) chilenos para repartirlo entre algunos – muy pocos – de estos ingenuos chilenos. El dueño de este hambriento pollo femenino es el glotón de papá Estado: la Polla Chilena de Beneficencia es una sociedad anónima cuyo principal accionista (con el 99% de los títulos) es la Corporación de Fomento (CORFO) y el fisco (1%).

El producto estrella de esta empresa de la ilusión es el Loto, un juego en el que usted elige 6 números de un total de 39 y se escogen aleatoriamente siete números (seis y el comodín). Si coinciden tres o más de los suyos con los que se sortearon, usted gana. También, muy simple.

De esta manera, la probabilidad que usted gane el Loto es 1 dividido por el total de combinaciones posibles de seis números sobre un total de 39. Esta probabilidad es: 1 sobre 3262623 posibles combinaciones o 0.000000306502, es decir, casi casi casi casi nula. Siguiendo la lógica de la ruleta – en que el premio es proporcional a la probabilidad de éxito menos un pequeño recorte – el premio del Loto debería ser un poco menos que $ 1.631.311.500, como para que la casa recorte un poco. Sin embargo, solo el 22% de los sorteos del Loto tienen ganador, y rara vez el pozo se acumula para pagar cifras siquiera cercanas a $ 1.631.311.500; es más, el pozo entregado el 12 de agosto ($950.003.990 al ganador) fue el resultado de ocho sorteos sin ganador y el total en premios entregado por la generosa Polla en esa ocasión fue de $1.084.570.540.

La ganancia esperada de una súper dupla (multiplicando lo que pagó - $700 – por la probabilidad de éxito) son $0.0007; de la terna $0.0087; de la súper terna, $0.0066; de la cuaterna $0.0487; de la súper cuaterna, $0.0294; de la quina, $0.6754; de la súper quina, $7.3705 y del Loto $291.1780. Esto significa que por cada $500 pesos en apuestas por el Loto (con la Revancha y el Gana Gana a la Polla le alcanza para el postre, el café y el bajativo) pagó $299.3 en premios.

Aún así hay gente que juega al Loto, y regularmente, y religiosamente los mismos números. La probabilidad de ganar el premio mayor en un sorteo cualquiera es, como ya vimos, de 0.000000306502. Hagamos que usted no es un jugador muy compulsivo y juega ‘solo’ una vez a la semana, es decir, 52 veces por año. La probabilidad que gane el premio mayor del Loto al menos una vez es de 0.0000159. Si aún así cree que es posible que se lo gane y juega por 10 años, la probabilidad de ganar al menos una vez es de 0.000159. Si ya empieza a creer esto del impuesto y destina parte de su sueldo durante toda su vida laboral (45 años, más o menos) a jugar al Loto una vez por semana, su probabilidad de ganarlo es de 0.000717. Si consideramos que sus hijos heredan su estupidez y hacen que el juego familiar dure 100 años, la probabilidad de ganar al menos una vez sigue tan exigua: 0.002. Si Pedro de Valdivia hubiese fundado la Polla Chilena de Beneficencia mientras hacía lo suyo con la Plaza de Armas y hubiese jugado hasta hoy, la probabilidad de ganar el Loto habría sido un poco más alta, pero aún ínfima: 0.008. Si Guillermo de Normandía hubiese comenzado a jugar el año de su nacimiento en 1027, su probabilidad de ganar habría sido de 0.016. Si Jesús hubiese hecho lo mismo habría tenido una probabilidad de ganar de 0.031, aún más baja de lo que estimarían las casas de apuestas en un partido de Massú con Nadal. Ahora – y esto se los dejo para los que aún siguen creyendo – si Lucy, la Australopiteco que vivió hace 3.200 millones de años hubiese jugado tan religiosamente al Loto – haciendo gala de su diminuto cerebro – de seguro habría ganado al menos una vez…

¿Cuánto tendrían si habrían ahorrado con tanta astucia esos quinientos pesos semanales a una tasa de interés real del 3,5%? Este es, a fin de cuentas, el costo de la ilusión. En un año el costo de soñar semanalmente es de $26.469; diez años, $311.393; en toda su vida laboral, $2.845.707; y si además invita a sus hijos durante 100 años, $23.844.285. En 150 años habría ahorrado lo suficiente para comprarse un Ferrari F340 descapotable y Pedro de Valdivia habría ahorrado poco más que el producto interno bruto de República Dominicana. En cambio, si Guillermo de Normandía habría ahorrado lo que le reportó una mísera probabilidad de 0.016 de ganar el Loto, habría tenido 1.152.601.461.538.460 dólares, más de dos mil veces el producto interno bruto de TODA la tierra en el 2007. Y si Jesús habría ahorrado, tendría más de 2 undecillones de pesos, o en números más fáciles, 4.6 decillones de dólares, el equivalente a 85.500.211.975.320.000.000 veces el producto interno bruto de toda la tierra. Para que Lucy se asegurara el Loto alguna vez le costaría más de lo que a este computador (y al súper computador con ocho procesadores de la universidad) puede calcular.

Si consideramos que soñar es gratis, que le pongan esos precios a la ilusión parece incluso aberrante. Veamos en qué se gastaron esos 500 pesos que usted tan ingenuamente cambió por un sueño (casi) imposible para el sorteo del 12 de agosto. De los 500 pesos que usted pagó por el billete, Loto pagó 299.3 en premios, muy cerca de lo que establece la ley: 60% de lo recaudado debe ir a los premios. ¿El resto? 25 pesos se destina al Fondo de Beneficiarios, el cual está conformado por ley por: FONASA (0.75 pesos), CODENI (1.5 pesos), CONAPRAM (3 pesos), COANIL (3 pesos), Cruz Roja (2 pesos), Cuerpo de Bomberos de Chile (5 pesos), Fundación de Beneficencia Aldea de Niños Cardenal Raúl Silva Henríquez (3.75 pesos), Fundación de Instrucción Agrícola Adolfo Matthei (0.5 pesos), Sociedad de Asistencia y Capacitación (1.25 pesos), Sociedad Pro-Ayuda al Niño Lisiado (2.5 pesos) y Voto Nacional O’Higgins (1.75 pesos). Ya llevamos casi 305 pesos de los 500. ¿El resto? Pues sí, papá Estado: 95 pesos se quedan en el patrimonio de la Polla (léase CORFO), 75 pesos van directamente a las arcas del Estado y 25 también a las arcas del Estado bajo el concepto de Rentas Generales de la Nación.

Ahora, si usted no quiere apoyar (tanto) a la Gestión Pública (sí, claro, con maýuscula), puede elegir jugar Kino, que si bien destina también el 60% a premios, el 25% va a financiar a la Universidad de Concepción. Cinco por ciento se destina a un fondo de organizaciones compuesto por: Universidad de Chile, Universidad Católica, Fundación de Instrucción Agrícola Adolfo Matthei, Cruz Roja de Chile, Consejo de Defensa del Niño, Hospital ‘Guillermo Grant Benavente’, CONAPRAN y COANIL.

Paradójico ¿no? Una institución académica recibe gran parte de su presupuesto en base a la idiotez probabilística de la población nacional y otras dos también reciben su pedazo aunque mucho más pequeño.

Para los que quedaron con la duda: Voto Nacional O’Higgins es la organización que administra el templo votivo de Maipú y recibe los aportes de todos los chilenos vía Polla desde 1958.

4.8.08

Pe eMe

Luego de mi inexcusable y avergozante ausencia de estos parajes vuelvo no para referirme a Paty Maldonado ni a algún tipo, síntoma o cura del síndrome Pre Menstrual. Muy a pesar que estos temas son dignos de la atención de quien suscribe me referiré a algo aún más temido que la boca de Paty (tan horrible como las hamburguesas homónimas) y emocionante que el supuesto síndrome aquel. Me referiré a las Paradojas de la Modernidad (de ahí la Pe y la eMe) – ahora corresponden esas señales de asombro y ansiedad del público: uuuuuh!

Si a la modernidad se le han dedicado extensas (¡y vaya qué excitantes!) obras, de sus consiguientes paradojas se han escrito interminables páginas, de insufrible valor ansiolítico, auspiciadas por los más eficientes fármacos y cargadas del somnífero aroma que envuelve a nuestro querido Teatro Municipal. A este conjunto de obras corresponden esas poco interesantes divagaciones de la astucia del sujeto, de observadores y distinciones, de reducción de complejidad y autorreferencia, del control y el riesgo, de la creciente individuación y confianza en sistemas expertos, del individualismo y fuentes de identidad, entre otros (muchos muchos – demasiados – otros) temas y derivadas de aquel proceso que algunos han dado por muerto hace ya tiempo.

No os aburriré (tanto) con una discusión pseudo filosófica de la ontología del sujeto y su relación con los orígenes de la persona. Me referiré a las manifestaciones paradójicas de la modernidad que pueden de hacer de usted un personaje de alto nivel moderno. Para eso debemos aceptar el supuesto de que lo que viene a continuación son, en efecto, paradojas y que estas corresponden a unas propias de la modernidad. Si son, por un lado, fenómenos observados en un lugar que pertenece a un país moderno, y, por otro, existe en ellos algún grado de contrasentido, incoherencia y contradicción implica que las incongruencias observadas en elementos del conjunto de la modernidad son propiamente paradojas de la modernidad.

Luego de este (impresionante y entretenido - ¡!) ejercicio lógico procedamos descubrir las paradojas de la modernidad manifestada en el comportamiento cotidiano de los modernos energúmenos trogloditas de este interesante lugar:

  1. Disfrutar de la actividad física sin siquiera moverse: se trata simplemente de contar con un aparato televisivo y seguir ávidamente los canales y programas deportivos. Se trata de discutir y conversar de récords atléticos y proezas deportivas minimizando al máximo los movimientos corporales moviendo sólo la mandíbula, el cuello y los ojos. Es eso de excitarse mirando nuevas y más complejas variaciones deportivas de actividades físicas culminando en combinaciones completamente idiotas y cuya manifestación ya legendaria es el Chess Boxing (ande, búsquelo que es notable).
  2. Soñar y desear a mujeres y hombres cuyo peso y masa corporal es inversamente proporcional al propio. Así, mientras aumenta la dosis de chips, “hamburguesas”, aceites hidrogenadas y grasas trans-saturadas en la dieta promedio, disminuye el índice de masa corporal en los modelos y rostros promedio, de manera que se puede decir con toda validez estadística que esta relación constituye, en promedio, una paradoja moderna.
  3. Vibrar con la velocidad y los choques en espectáculos de alta expectativa espectacular (y débil realización de ellas) en eventos profesionales como la IndyPro y la Nascar y otros más amateur y aún más patéticos como un Destruction Derby (búsquelo también) mientras se respeta piadosamente las señales de tránsito. Se trata no sólo de hacer tender las consecuencias de un choque y la transgresión a la norma al infinito, sino también castigar la sola expectativa de una colisión con seguros a precios exorbitantes.
  4. Rehusarse a pagar impuestos al tiempo que se hace cola en el nuevo casino que se abre a pocos metros del que ya existe, que está ubicado a pocas yardas de ese que se inauguró hace solo pocos meses. El truco se trata de hacer campaña política y tapizar muros y jardines exigiendo rebajas al impuesto a la propiedad pero pagar religiosa y puntualmente el impuesto a la estupidez matemática.
  5. Se trata no solo de extender un dominio total y absoluto sobre la naturaleza, sino de invertirla hasta el absurdo. Es torturar al termostato creando gélidos ambientes en verano y ardientes temperaturas en invierno. Se trata de incomodar lo máximo posible, obligando a usar chaleco en verano y guardarlos por inútiles en invierno, llevando al imperio de la eficiencia a ser un reino de paradojas.

Esto de vivir en un país moderno me ha llenado de paradojas: en este momento regreso a mi hogar inmerso en un mar de contradicciones, de las cuales podrán atestiguar quienes han seguido este humilde e inútil espacio. El parachoques de nuestro automóvil luce orgulloso un autoadhesivo propagandístico, nuestra paciencia se ha sido desafiada con forzosos tures a las visitas que inexplicablemente comienzan a hacer fila para llegar a este lugar. Ya cuento los días para el 10 de septiembre, día en que se realizará no solo una competencia de arrastre de tractores, sino que también una análoga con burros y otra con ponies, además (tome nota y súmela a esa creciente envidia) de un Destruction Derby en la feria de nuestro condado.

En honor a su flojera y para darle una excusa para extender la sacada vuelta que tantos réditos le ha traído a usted, fiel, leal e ilustre lector, aquí los vínculos a los espacios a los que no fue:

Chess Boxing

Destruction Derby

26.6.08

Me le excusa

Distinguida concurrencia,

Mi ausencia de los pastos de lata se debe a los magros resultados económicos que han llevado a los economistas y medios a invitar a la conversación a ese temido sustantivo: recesión. Ese mismo sustantivo que invoca al archi-enemigo del progreso, el anti-héroe del capitalismo (y, por extensión, de la ¡felicidad, alegría y contentura colectiva!), aquel angel demoníaco luciferioso que destruye con su dedos de fuego los niveles de confianza colectiva que teníamos antaño... ese terremoto económico (tome nota) que pone en vilo las ganancias de nuetros ademanes, los empresarios, que nos guían por el buen rumbo me produjo una revelación.

La inflación, el precio del petróleo por sobre los cuatro galones me inspiraron y decidí trabajar, poner mi granito de arena en esa playa que se inunda de foreclosures y crisis subprime para ser parte (al fin) del producto bruto nacional de algún país, poner mis centavos en el chanchito de la economía mundial.

Esa es la historia de mi conversión y de mi consiguiente ausencia de los placeres del ocio, la lata, el aburrimiento y la idiotez.

Pero como bien sabemos, aunque la mona se vista de seda, mona queda, y la tentación es inminente. Soy débil y me uniré al ángel demoníaco y volveré a esculpir latas de kriptonita.

Así que ruego aguanten esa impaciencia un par de días más, que voy y vuelvo.

27.4.08

Sigamos Estudiando

Una amplitud de estudios señalan las ventajas comparativas de poseer estudios de Educación Superior. No solo los que han cursado estudios de Educación Superior obtendrán, en promedio, mejores trabajos, mejores sueldos, mejor salud, mayores niveles de satisfacción personal, sino que también se ‘casarán mejor’. La homogamia educacional es muy fuerte, de modo que más del 80% de las personas se casarán eventualmente con alguien de un nivel educacional igual o adyacente. De esta manera es muy difícil encontrar una persona con un magíster casándose con alguien que solo completó la educación básica. Esta persona que a lo más conoció a su profesor de octavo se casará, muy probablemente, con una persona que llegó a ese mismo nivel, que no completó la básica o que no completó la media. Y como tener estudios superiores lleva a tener un mejor nivel económico, casarse con una persona de un nivel similar duplica los retornos.

Esa puede ser una de las razones por las cuales una persona en sus tiernos 23 años decide seguir estudiando luego de recibir su cartón de Educación Superior. ¿O me van a decir que la universidad es más que un mercado de parejas? Hay otras razones para postular a uno de los más de 689 magíster, 136 doctorados, 144 ‘cursos’, 262 postítulos o 357 diplomados que se ofrecen en el país.

Puede ser el temor a competir en el mercado laboral, el terror a asumir que el sueldo que obtendrá un egresado de Diseño Gráfico será igual o inferior al de una Asesora del Hogar; la necesidad de obtener más herramientas para sacar ventajas comparativas entre los miles de psicólogos que gastaron millones en pesos y cinco años ne tiempo para poder entender su propia frustración y depresión al tomar ese trabajo de Vendedor de Seguros de Vida. También están aquellos que, dándose cuenta del terrible error que cometieron eligiendo esa carrera de vocación, ideales y voluntad para cambiar el mundo prefieren dar un giro a su carrera que trabajar en un Call-Center. Para otros es un rito de pasaje necesario (MBA), y, en otra veta están los que buscan la esquiva y dorada llave a la torre de marfil de ese mundo académico que no paga sino en esa extremadamente devaluada moneda del 'conocimiento'.

La demanda por estudios más superiores que los de la Educación Superior existe en abundancia. Y la oferta no se queda atrás. Para las universidades, ofrecer postítulos, diplomados, magísteres, cursos de perfeccionamiento es un negociazo y por eso han debido también diferenciar su oferta, para liberar un mercado que ya estaría saturado. Un Magíster en Gestión ya no dice nada, por lo que ahora llevan los apellidos de: Ambiental, Ambiental de Proyectos, Cultural, de Empresas, de Escuelas Efectivas, de Operaciones, de Organizaciones de la Salud, de Organizaciones con Mención en Recursos Humanos, de Organizaciones con Mención en Marketing, de Organizaciones con Mención en Finanzas, de Organizaciones Públicas, de Recursos Humanos, del Conocimiento en Intervención Cognitiva, del Desarrollo Regional y Local, Educacional, Empresarial, en Desarrollo Sustentable, En Políticas Nacionales con Mención en Educación y Cultura, Escolar de Calidad, Estratégica Pública y Desarrollo Local (reinventando gobiernos), Farmacéutica y Framacia Asistencial, Jurídica de las Empresas en el Siglo XXI, (noten que vamos recién en la J!), Mención Control, Mención Control en Contabilidad y Finanzas, Mención Finanzas y Contabilidad, Mención Tributación Internacional, Pública, Pública, Desarrollo Local y Regional (no es lo mismo que el de Desarrollo Regional y Local), Tributaria, Turística y Hotelera, y Dirección de Empresas, y Dirección Educacional, y Planificación Ambiental, y Políticas Públicas, y Tecnología Ambiental.

Ponga usted una universidad, ofrezca un Postítulo en Psicología, Desarrollo Cognitivo Neuropsicoliberal con Mención en Psicoanálisis y Terapias Transfiguracionales y tendrá colas de gente enviándole su autógrafo, fotografía, notas de la universidad y una carta llena de mentiras y buenas intenciones. Si es magíster, tanto mejor.

Así entiendo la existencia de los más bizarros robos a mano armada de este tiempo. Además de ofrecer carreras sin ningún futuro y que no satisfacen función social alguna más que mantener a los adolescentes ocupados pensando en tomas y molotov, universidades privadas y públicas, institutos profesionales y centros de educación de las fuerzas armadas le entregan, a cambio de un suculento cheque, un cartón que carece de todo valor de mercado. Su sustento está en la vacua esperanza del postulante y la sedienta cuenta corriente del oferente.

Tras una revisión exhaustiva, propia de la rigurosidad de Lateándola, de los 8978 programas de Educación Superior registrados en la base de datos de público acceso del Consejo de Educación Superior dispongo a ustedes de los más eclécticos y bizarros programas para seguir estudiando… en caso que su título profesional o licenciatura no le satisfaga, o que tema dejarse guiar por la mano invisible del mercado laboral, o que un vacío existencial le llene su vida y le guíe a buscar un nuevo maestro o guru guru.

Señoras y señores, por favor ayúdenme a descifrar la diferencia entre el “Diplomado en Sexualidad Humana” que ofrece la Universidad Católica del Norte y el “Diplomado de Sexualidad Humana” que ofrece la Universidad Diego Portales.

Explíqueme qué vocación democrática puede llevar a alguien a satisfacer expectativas cognitivas en un programa que es más bien un manual para crear un Estado Totalitario: “Diplomado en Economía Política y Planificación de la Información, la Comunicación y la Cultura”. El complot político no podía ser tan evidente, por lo que le pusieron un subtítulo paradójico a tan oscuro plan político: “Participación y Desarrollo”.

Sigamos.

Magíster en anatomía humana. Confíe en mí que le sale más barato sacar un libro de la Biblioteca Nacional, leer y memorizar, tal como lo hacen los alumnos de primer año de medicina que pagarle a la Universidad Nacional Andrés Bello.

La Universidad Adolfo Ibañez, por otro lado, ofrece tres diplomados en Focusing: El Arte de Dialogar con el Cuerpo (programa intensivo), el Arte Terapéutico de Dialogar con el Cuerpo, y Teoría y Práctica de la Psicoterapia Experimental. Estos son solo tres de la amplia gama de postítulos, diplomados, cursos y magísteres en pseudo-psicologías que se ofrecen en el país. Entre ellos los con mención en Clínica, Educacional, Social Comunitaria, de la Salud, Psicoterapia Integrativa, Psicoanálisis, Psicoterapia Estratégica Sistémica, Analítica Junguiana, Psicoterapia Experiencial, Organizacional, Jurídica y Forense (extraña mezcla).

Hay otros que seguramente entregan menos retornos que leer la colección completa del Condorito: Diplomado en Cuerpo, Imágenes y Máscaras, Diplomado en Discurso Académico y Habilidades Interculturales, Diplomado en Disfunción, Diplomado en Gestión de Técnico Económico de Voladura de Rocas (¡!) y los diplomados en marketing: deportivo, gerencial, integral, moderno que son claramente distintos de los diplomados en gestión y marketing deportivo y turístico.

Pero me gustaría ser parte de cuatro diplomados, solo para ver a la gente que postuló y fue aceptada y engañada: a los pobres tipos que los enviaron de sus empresas para hacer el Diplomado en Historia Institucional y a los papasfritas que se tragaron la publicidad del Diplomado en Management.Com. O a quienes se enrolaron en el Curso Arqueología del Tarot: Contexto y Procedimiento de una Mántica Analógica y en el Diplomado en Estudios Estratégicos Vecinales.

16.3.08

Las Películas de Patricio

No sé si alguno de ustedes veía Los Simpsons cuando todavía eran una producción impecable. No pretendo decir que ahora no son dignos de mi tiempo y ocio, pero antes eran otra cosa. Esta época dorada de Los Simpsons terminó a la sazón de la temporada 12 y comienza en la tercera o cuarta temporada. En uno de los capítulos de esta mentada era, Springfield celebra el día de San Patricio. Resulta que justamente hoy se celebran 11 años desde el estreno del capítulo 4F15, que antecedió a la celebración oficial en EEUU de Saint Patrick’s Day (seint patrix dei) un 17 de marzo de 1997. Todos los años se celebra al patrono de los Católicos Irlandeses y todo tiene un motivo verde, de trébol y/o duendes. La gente, tal como en christmas (crismas), halloween (jálogüin) o easter (ister) se viste acorde a la celebración. Tanto así que si usted no viste alguna prenda verde para el día de San Patricio, cualquier persona tiene el derecho legítimo de peñiscarle con la fuerza que le parezca conveniente.

Pues en esta celebración animada con sede en Springfield, hay un desfile para el día de San Patricio, el río lo pintan de verde y, la muchedumbre (vestida de verde, Marge incluso se tiñe el pelo) toma alcohol hasta el hastío mientras los carros alegóricos desfilan por la avenida principal. Bart procede, accidentalmente, a emborracharse y dado el triste espectáculo que ofrece, la ciudad de alcalde Quimby decide promulgar una ley seca que conduce a un mercado negro del alcohol controlado por las mafias. Todo en directa alusión a la Ley Seca avalada por la 18ª enmienda a la Constitución, que estuvo en efecto entre los años 1920 y 1933 y que llevó al poder, gloria y memoria colectiva a Alfonso Gabriel ‘Al’ Capone y a Jorge ‘Bugs’ Moran.

No es uno de los capítulos más memorables ni mucho menos, pero lo único que tiene de ficticio es el carácter animado de la trama. Sí, en EEUU la gente se viste de verde para el día de San Patricio y luego les comento si me peñiscan o no. Sí, en EEUU muchas ciudades celebran un desfile tan digno de la atención colectiva como los del 19 de septiembre. Sí, en EEUU barrios y organizaciones gastan millones en carros alegóricos. Sí, muchos gringos comienzan a emborracharse, gritar y a hacer escándalos a tempranas diez de la mañana en el sábado que antecede al día de San Patricio que es el día del desfile. Sí, en EEUU pintan los ríos de verde con motivo de San Patricio. Y no, no todas las ciudades que lo intentan logran el objetivo con el resplandor de Chicago, cuyos ciudadanos se congregan en masa a mirar como el río café se convierte en naranjo y luego a un verde fluorescente, al punto en que creen en un duende que vive en río que permite que la pigmentación se produzca exitosamente y dure más de tres horas.

Muy al contrario de lo que pensaba antes de venir, ni Los Simpsons ni muchas de las producciones Hollywoodenses son fruto de la prodigiosa imaginación de sus guionistas y/o productores. Cada día que pasa me doy cuenta que la imaginación de estos millonarios de la industria cinematográfica es pobre y limitada: no hacen más que contar su propia historia, o la de sus amigos o la de sus hijos. Es más, disfrutaba (a veces, lo confieso) con las producciones adolescentes de Hollywood (léase American Pie, Clueless y películas afines) porque pensaba que eran hipérboles muy bien realizadas del ChicoCool, el GeekOrgulloso, el ChicoQuePretendeSerCoolPeroNoLeSale, la PorristaRubiaTontaSuperficial, el PúberPunk, el NerdQueHablaComoIdiota, y los Indiferentes que aquí se les llama StraightEdge (streitech). Y no, no son hipérboles, tipos ideales, estereotipos o caricaturas. Estos tipos existen y por eso las películas ganan plata; porque uno y cada uno de los asistentes al cine son o conocen muy directamente a alguna de las representaciones. Son y conocen sin exigirle nada a la imaginación.

¿Se acuerdan de la Revancha de los Nerds? No los culpo si no la recuerdan, porque probablemente su memoria, en un favor profundamente caritativo la borró de su experiencia para no generarle ni rabia ni odio ni pena ni vergüenza ajena. Pues los Nerds, los FutbolistasCerveceros y las fraternidades existen. Y muchos universitarios de pregrado hacen lo posible por pertenecer a alguna de ellas (comiendo huevos crudos, tomando hasta la indigestión, recibiendo incluso balazos en las pruebas de admisión o ritos de iniciación). Los Nerds y Geeks son así, se visten así, comen así, y para peor, hablan así, como Napoleon Dynamite y su hermano. Ni siquiera en la cola para la final nacional de Magic en Chile van a encontrar a gente así, ni menos en los puestos más cercanos al servidor en un tarreo de WarCraft. Y los ChicosCool existen tal cual. De día lanzan un freesbee, pelotas de béisbol o lacrosse, con el único propósito de exhibirse ante las RubiasIdiotas que toman sol de (tan idiotas no son) sol a sol. De noche, estos chicos toman en una eterna lucha de testosterona en que las neuronas son las que más pierden, y en la que las chicas pierden otras cosas para no recuperarlas jamás. A los Indiferentes o ChicosAlternativos se les puede ver haciendo presión para que den películas alternativas en el cine – pero no taaaan alternativas como La Historia del Camello que Llora; Borat es, más bien, la referencia. A los SocialIsolates (soushial aisolets) se les puede ver comprando pistolas para ser el próximo motivo movilizador de tropas de la CNN. No confunda con los SocialIstas, que aquí no existen.

A pesar que el dólar está muy barato y, comparativamente, es más conveniente venir a EEUU ahora que antes, al que quiera conocer a las gentes dende por aquí los Estados Unidos, le recomiendo el turismo de sillón. Le es más barato comprar un equipo reproductor de películas, algunas películas (las puede elegir al azar, todas van a tener mucho de real) y sentarse, al más puro estilo Al Bundy, para no sufrir las incomodidades de un avión o proceso de imigración. No tiene siquiera que saber inglés (¡póngale subtítulos!), así que puede ahorrarse esas chauchas del Tromwell para ponerle algo de sabor a las insípidas palomitas de maíz (le recomiendo un surtido de hierbas culinarias).

Con cualquier película digo, sinceramente, cualquiera. Puede ser Rushmore o Legalmente Rubia, America X o Jamás Besada. Puede bien ser Juno o De Vuelta al Colegio. Puede ser incluso Robocop o El Planeta de los Simios. Porque algo tienen que tener de verdadero estas últimas dos, sino no me explico cómo carajo llevaron a más de siete personas al cine.

7.3.08

De Circulillos


Asumiendo que la configuración de colores de su computador y pantalla es relativamente normal, usted podrá distinguir en la imagen que a este texto acompaña muchos pero muchos círculos. No se preocupe, no me bajó un arrebato de JulioVidelismo y no le voy a pedir que estime la cantidad de círculos que hay en la imagen (aunque podría ser divertido, porque claro, algunos omitirán el circulo grande, otros muy ciegos omitirán varios círculos y los muy suspicaces pensarán incluso que espero que cuenten las “o” de este latero relato). Este círculo es un test. Y según usted ve un 5, un 2 o un 9 usted es parte de ellos, de nosotros o de los “otros”.

La pregunta natural es qué significa ser parte de ellos, de nosotros o de los “otros”. La pregunta apunta a conocer el sentido del borde, qué distingue a quién es parte de ellos, de nosotros o de los “otros”. Pues como tengo el poder de la pluma, lo voy a dejar en suspenso… y ese suspenso me da tiempo suficiente como para latearos a discreción.


Numerosas investigaciones – cuando se podía de verdad hacer investigación experimental en ciencias sociales, antes que la fanfarronería ética eliminara la ciencia de las hoy mal llamadas ciencias sociales (luego vino la estadística al rescate permitiendo los diseños cuasi-experimentales) – han demostrado que no se necesita una razón sustantiva para crear grupos entre individuos, solo basta decirles que son de uno u otro grupo.


En esta línea, Sherif y sus discípulos dispusieron de algunos niños de similares características sociodemográficas, intelectuales y físicas y les dijeron que iban a pasar unas semanas en un Summer Camp (samer camp). Pues dividieron aleatoriamente a los niños antes que se conocieran en dos grupos. Cuando cada grupo supo de la existencia del otro, se desató la guerra: los lindos niños suburbanos de familiasbien se convirtieron en indignos hijos del Barti o el Kramer, reemplazando toda afinidad con Carreño por palos, piedras e insultos (y eso porque no tenían acceso a filosas, fierros mojados o tunas).


En esos mismos años dorados de la investigación, Tajfel y sus discípulos les dijo a una muestra de personas que estimara la cantidad de círculos en una figura (¡cual Julito Videla!) y aleatoriamente les dijo que eran sobrestimadores o subestimadores. Acto seguido y sin mediar contacto entre los participantes, les pedía que se imaginaran que tenían que repartir una suma de dinero entre las personas que fueron parte del estudio: los sobrestimadores tendieron a darle más dinero a los de su grupo y a castigar a los subestimadores. Lo mismo ocurrió con los subestimadores que tendieron a favorecer a los propios, en circunstancias que solo había una distinción simbólica (no por ello artificial) entre los grupos.


Otro experimento igual de notable lo pueden ver aquí (el primer y segundo capítulo son los que valen la pena) y podrán entender que la principal razón de odio entre grupos es que exista un borde entre ellos; los mismos grupos se encargarán -no se necesita mucho tiempo- de que ese borde se convierta en un abismo.


Así pues, podemos dividirnos entre los que ven un 5, un 2 o un 9 en la figurilla de arriba. Podemos desatarnos la guerra, descalificarnos como estos niños en Iowa o establecer privilegios si tenemos el poder y la posibilidad.


Yo veo un 2, y a mucha honra. Aproximadamente un 20% de distinguidos privilegiados en la población vemos un 2. Ni aunque venga Tony Kamo voy a ver un 9 ni un 5, ni menos comeré una cebolla.


Si usted ve 5, allá usted: disfrútelo, gózelo… pero allá con la muchedumbre. Y si ve un 9, por favor ni se acerque, de verdad se lo digo. Prefiero que mi casa se llene de cucarachas a que venga a viaje a este gélido invierno para quedarse en mi casa con la excusa que quiere un autógrafo del paupérrimo mariscal de campo del equipo de fútbol americano de esta universidad.
Ahora, si no sabe de lo que estoy hablando porque eso de los grupos le parece demasiado artificial o porque a usted los Derechos Humanos le lavaron el cerebro y porque, consecuentemente, solo ve un gran círculo que nos engloba a todos, le pido que por favor abra los ojos y asuma la irrefutable y abundante evidencia tanto ‘científica’ como anecdótica como personal. Le puedo dar sugerencias de cómo abrir los ojos: vaya a un clásico Boca-River y vístase de bandasangre en la 12; camine por un barrio que en el que no solo usted, sino que por consenso generalizado, no se considere un ‘barrio seguro’; vaya a comprar a 10 de Julio o pregúntele a su vecino de oficina (asumo, por lo tanto, que la pequeña afición a la lata no se propuso no sacar la vuelta este año) si ve un 5, un 2 o un 9. Y dígale si ve un 5, un 2 o un 9.

Ya es hora de decirle de qué se trata todo esto, ¿no? Los más perspicaces adivinarán que no se trata de un test de sordera – difícil detectarla mediante la vista – ni del talento que hubiese tenido si hubiese sido concertista de piano pero que, como sus padres no le pagaron las clases a sus tiernos 8 años, tendrá que contentarse con saber que pudo haber tocado en el Carnegie Hall un concierto de Rachmaninov. Se trata, claro, de algo con la visión. Los que vemos 2 somos daltónicos. No podemos distinguir el rojo del verde en ciertas circunstancias. Este tipo de daltonismo – obvio, según una poco extensa revisión de páginas web no profesionales – figura entre los más comunes y es privilegio de aproximadamente uno de cada cinco personas.
¿Cómo llegamos a todo esto? Hallábame en clases y mientras el profesor discutía lo interesante de la trayectoria reflejada en la curva verde respecto de la roja, yo, perplejo y pensando que era una falla del proyector, le pregunto a un compañero si, en efecto, distingue las curvas. Y claro, las distingue, y claro, ve un 5… porque 5 es lo que ve la mayoría de la gente pues la mayoría de la gente puede distinguir los colores.

¿El 9? El 9 se supone que no lo ve nadie. Si usted ve un 9, felicitaciones, envíeme su dirección postal y cuenta de banco y le haré llegar un pasaje de ida (de ahí la dirección postal) y con todos los gastos pagados (de ahí la cuenta de banco) en el cómodo y rápido transporte público de Santiago a las paradisíacas dependencias del más moderno resort todo-incluido El Peral. Y se pone mejor porque a las pocas semanas el resort se convierte en un crucero… al rato en una nave espacial y si quiere, también en el set de Cachureos, ¡con Roberto Nicolino y el tío Marcelo animando juntos!.

Posdata: son exactamente quinientas ‘oes’ en este relato contando esta postdata, por si le dieron ganas de contarlas. Y sí, que hayan sido exacatamente quienientas es intencional.

5.2.08

Reciprocidad Cosmopolita

Para algunos el sueño del pibe consiste en vivir en Nueva York, París, Madrid, Londres, San Francisco o Barcelona. Acercarse de una manera cotidiana a la vida cosmopolita de una ciudad global, epicentro de la vanguardia comercial y cultural es, también, una manera glamorosa de atiborrarse de estatus. Permite vanagloriarse de haberse cruzado con Tom Cruise en una tienda de relojes o de ni siquiera voltear la cabeza cuando pasa un Ferrari porque es cosa de todos los días. Esto además de enorgullecerse de escuchar a Joshua Redman en un pequeño club de Jazz, oír a concertistas de la talla de Anne Sophie Mutter tocando bajo la dirección de André Previn, ver los originales de Pollock o pasear frente a las casas de Frank Lloyd Wright sin saberlo.

Vitrinear donde compran las señoras de los políticos dominicanos, tomarse un café – el más barato – donde la elite salvadoreña come caviar con champaña son todos sueños que pueden hacerse realidad si se postula a una universidad, se gana usted una ‘generosa’ beca nacional y se endeuda para que cuadre la ancha y profunda caja de un mes en una ciudad top…

…ese sueño, eso sí, puede convertirse rápidamente en una condena estival. No hay peor pesadilla que vivir en una ciudad o destino turístico en época de vacaciones: los hermanos, padres, suegros, primos, primos de primos, sobrinos de tíos y una interminable lista de familiares que nunca conoció sacan número y hacen fila para ahorrarse las chauchas de un hostal y las castañas tostadas de la calle. Y todo esto antes de haber usted puesto el implemento rojo con los papelitos enumerados o los pequeños pilares con cintas extensibles. Es más, la fila estará ahí aún cuando el cartelito de “cerrado, pase a la ventanilla siguiente” o “vuelvo en 4 años” sea metafóricamente visible, evidente y parte del conjunto de lo obvio.

Más aún, los amigos, los amigos de los amigos (que no necesariamente serán sus amigos porque las propiedades de la transitividad lógica y matemática no necesariamente se aplican en ese fangoso terreno de lo social) apelarán a su buena voluntad, a su vocación de chofer y guía turístico y a ese tiempo que obviamente le sobra porque claro, en esos países no hay ni TranSantiago ni extensos horarios de trabajo porque la gente no saca la vuelta. Y si se está en la edad, no solo llegará una seguidilla de veinteañeros-con-alma-de-adolescentes a perturbar ese pequeñísimo espacio cosmopolita, sino que también le acompañarán sus leales liendres y la larga estela de ropa sucia despertando la vocación de lavandero que lleva dentro.

Lo curioso de este fenómeno es que la ley de la reciprocidad sufre severas alteraciones. Según ésta, quien entrega un regalo/favor/servicio obliga al recipiente a devolver, quien a su vez obliga nuevamente insertando a los partícipes en un círculo _ _ _ _ (_) oso. Si no creen, piensen qué pasaría si a alguien a quien su existencia le es apreciable no le regalasen un regalo de cumpleaños en circunstancias en las que esta persona lo hace anualmente. Existen variaciones en que es un tercero abstracto el que paga, como es el caso de la caridad. Pero la recepción a un extraño coterráneo se paga con un precio/don/servicio/favor que con el pasar de los días tiende a cero.

Esto pues a quienquiera que haya ‘caído’ (entre comillas para identificar el eufemismo, porque más bien constituye una grosera usurpación) en lo de un conocido no devuelve lo equivalente – en alguna escala determinada, con ponderadores particulares – a lo recibido. El círculo de la reciprocidad en estos casos se abre con una sonrisa a la llegada del aeropuerto un ‘sincero’ abrazo ante la inminencia del contacto físico, una infinidad de ‘gracias’ en el transcurso de la estadía, y un ‘muchísimas gracias, en verdad que se pasaron’ al final. Los más decorosos llegarán con una caja de chocolates que compraron en el aeropuerto, un Sahne-Nuss y un tarro de manjar o una botella de Pisco, sin siquiera saber si el hospedero las recibirá de buen gusto. Algunos más finos llegarán con una caja de chocolates Varsovienne o Bozzo que, sin duda, no fue fruto de la motivación del adolescente y precoz ‘aprovechador’ sino de la anticipada vergüenza de su dulce y tierna madre.

Por si las dudas: por mucho que haya venido Cecilia Echeñique a cantar, este lugar es como el Curicó de Estados Unidos. Carece, consecuentemente, de todo atributo que lo ubica en la memoria colectiva como un destino turístico atractivo salvo hectáreas y hectáreas de maíz. Por mucho mall y auto, este no es un polo magnético que produce filas de parientes. Aquí no he conocido ni primos ni a los amigos de mis amigos, ni conozco lo que se siente ser hospedero-chofer-guía por una semana. Así, los más perspicaces ya suponen correctamente que en cuanto crucen la frontera me tendrán sonriendo en el aeropuerto, agradeciéndoles hasta el cansancio y despidiéndome con un sincero “hasta pronto”.